Después de leer la obra, y después de haber sentido lo que hace sentir ese libro, la película resulta en una pintura de alguien que experimentó esos mismos sentimientos y emociones. Aún con las obvias limitaciones del cine en las adaptaciones (de buenos libros, no de guiónes como el código da vinci), el director vierte fielmente la pasión de HH y Lo no podría haber existido en otra manera y en otra carne diferente a la de Dominique Swain, si el incitar emociones que en silencio entre dientes admitimos que no queremos ver prohíbidas, era el objetivo.